Hoy el INE (Instituto Nacional de Estadística) ha publicado la media anual de la EPA 2025 del mercado laboral español. No es un dato más. Es el dato estructural. Si la afiliación mensual nos da el pulso, la media anual nos da el diagnóstico clínico. Elimina los picos del verano, el espejismo navideño, los efectos calendario. Nos dice cómo está realmente el mercado laboral español.
Y los datos confirman un hito histórico: 2025 cierra con una media anual de 22.221.100 ocupados. Es la cifra más alta de la serie histórica, consolidando un crecimiento de más de 560.000 empleos netos respecto a la media de 2024. La EPA 2025 confirma que el mercado laboral español ha entrado en una fase de transformación estructural.
En cuatro años España ha pasado de 23,31 millones de activos a 24,83 millones. Ha superado por primera vez con claridad la barrera de los 24 millones y medio de personas en la fuerza laboral. Pero el dato decisivo no es el volumen. Es la composición.
El verdadero motor: una expansión demográfica de origen extranjero
Entre 2021 y 2025 la población activa ha crecido en 1,5 millones de personas, lo que supone un aumento del 6,5%. Sin embargo, la población activa española apenas ha pasado de 19,25 millones a 19,33 millones. Un crecimiento testimonial del 0,4% en cuatro años.
En contraste, la población activa extranjera ha saltado de 4,05 millones a 5,50 millones. Un incremento del 35,8%. Más del 90% del crecimiento de la fuerza laboral española desde 2021 es atribuible a trabajadores extranjeros.
Este dato cambia completamente el enfoque del debate laboral. La inmigración no es un complemento. Es el soporte estructural del crecimiento del mercado laboral. Sin ese flujo, España estaría prácticamente estancada en términos de oferta de trabajo debido al envejecimiento demográfico.
Este soporte, sin embargo, se enfrenta a una barrera de eficiencia: la formación. En 2025, el nivel educativo es el mayor escudo contra el desempleo, con una tasa de paro para la Educación Superior de apenas el 6,36%. El problema radica en que este ‘escudo’ no protege igual a todos: un extranjero extracomunitario con alta cualificación tiene hoy el doble de probabilidades de estar en paro que un nacional, lo que evidencia un preocupante desperdicio de talento o sobre cualificación.
La tasa de actividad: una mejora silenciosa pero decisiva
La tasa de actividad se sitúa en 2025 en el 58,96%, frente al 58,38% de 2021. Es una subida de 0,58 puntos en cuatro años. No es explosiva, pero es sostenida y relevante en un contexto de envejecimiento poblacional.
La brecha de género sigue siendo significativa. La tasa masculina alcanza el 63,81%, mientras que la femenina se sitúa en el 54,36%. Sin embargo, la incorporación de la mujer explica aproximadamente el 60% del crecimiento de activos en el último ejercicio.
España no solo tiene más trabajadores. Tiene más mujeres participando en el mercado laboral. La convergencia es gradual, pero constante.
EPA 2025: récord de ocupación en el mercado laboral español
El año 2025 cierra con una media de 22,22 millones de ocupados. En 2021 estábamos por debajo de los 20 millones. En cuatro años se han creado aproximadamente 2,4 millones de empleos.
Este crecimiento se produce en un contexto de inflación, subida de tipos de interés y tensión geopolítica. No es una expansión apoyada en un entorno internacional especialmente benigno. Es una creación de empleo resistente.
Pero, de nuevo, la composición es clave. La ocupación española ha pasado de 16,6 millones a 17,5 millones, un crecimiento cercano al 5%. La ocupación extranjera ha aumentado de 2,4 millones a 3,5 millones, lo que supone un incremento del 45%.
El empleo extranjero crece nueve veces más rápido que el nacional. Sectores como hostelería, agricultura, logística y cuidados dependen cada vez más de esta aportación. La economía española no solo integra trabajadores extranjeros. Los necesita estructuralmente.
Del 14,91% al 10,50%: una corrección profunda del desempleo
La tasa de paro media anual ha descendido desde el 14,91% en 2021 hasta el 10,50% en 2025. Son 4,41 puntos menos en cuatro años. En términos relativos, supone una reducción cercana al 30%.
Pero el ajuste no ha sido homogéneo. La tasa de paro de los españoles ha pasado del 13,64% al 9,52%. Es una mejora de 4,12 puntos. La de los ciudadanos de la UE ha descendido del 18,91% al 11,06%. Son 7,85 puntos menos.
La de los extracomunitarios ha caído del 24,77% al 16,99%. Es una reducción de 7,78 puntos. El desempleo extranjero ha caído casi el doble de rápido que el nacional. Sin embargo, la brecha sigue siendo significativa. En 2025 un extracomunitario tiene casi el doble de probabilidad de estar en paro que un ciudadano español.
El escudo de la formación: el mercado laboral de dos velocidades
La tasa de paro para quienes tienen educación superior se sitúa en el 6,36% en 2025. En 2021 era del 9,28%. La reducción es de 2,92 puntos. Este dato es estructuralmente poderoso: la formación superior reduce prácticamente a la mitad el riesgo de desempleo respecto a la media nacional.
En el tramo de 30 a 44 años con estudios superiores, la tasa se aproxima al pleno empleo técnico. No es casualidad que las empresas hablen cada vez más de escasez de talento cualificado.
Sin embargo, la formación no elimina completamente la variable origen. Los datos de la submuestra indican que un extracomunitario con estudios superiores sigue teniendo una tasa de desempleo significativamente mayor que un español con la misma cualificación.
Esto revela un desajuste estructural. España crea empleo cualificado. Pero no siempre asigna ese empleo de manera eficiente al talento disponible. Las barreras de homologación, la segmentación sectorial y la falta de redes profesionales cualificadas penalizan especialmente a los extracomunitarios. El resultado es una sobre cualificación latente. Talento disponible que no se aprovecha plenamente.
Jóvenes: mejora intensa, problema persistente
El paro en el grupo de 20 a 24 años ha pasado del 31,76% en 2021 al 22,43% en 2025. Son más de nueve puntos de reducción. Es la mayor corrección de todo el sistema en este periodo.
Sin embargo, el 22% sigue siendo más del doble de la media nacional. El mercado laboral español sigue penalizando la entrada inicial. La mejora es clara, pero el problema estructural no está resuelto.
Convergencia territorial: el sur acelera
La recuperación ha sido especialmente intensa en las comunidades que partían de tasas más elevadas. Canarias es el caso más espectacular. Ha pasado del 23,46% en 2021 al 13,52% en 2025. Una caída de 9,94 puntos. La recuperación del turismo ha sido determinante.
Andalucía reduce su tasa en 6,62 puntos y se sitúa en el 15,23%. Sigue por encima de la media nacional, pero la mejora estructural es potente. Extremadura baja 5,41 puntos hasta el 14,75%. Baleares desciende 5,49 puntos y alcanza un saludable 8,83%. Se produce una convergencia real entre territorios.
La paradoja del pleno empleo técnico en el norte y el caso de Madrid
País Vasco registra una tasa del 7,33%. Navarra se mueve en cifras similares. Son niveles cercanos al pleno empleo técnico.
Pero en estas regiones la brecha por origen es particularmente acusada. En el País Vasco, la tasa de paro de los españoles ronda el 5,9%, mientras que la de los extracomunitarios supera el 21%. Mercados laborales eficientes pueden coexistir con fuertes barreras de integración. El dinamismo económico no garantiza igualdad de acceso.
Sin embargo, Madrid muestra uno de los modelos más equilibrados. La tasa de paro de los españoles se sitúa en torno al 7,2%, mientras que la de los extracomunitarios ronda el 11,5%. La de los ciudadanos de la UE apenas supera el 8,8%. Es un mercado amplio, dinámico y con alta rotación, donde la integración laboral es más rápida y las brechas se reducen.
Este dinamismo de la capital contrasta con el éxito de la convergencia en el sur: Canarias es la comunidad que más ha reducido su tasa de paro en el último lustro, bajando casi 10 puntos (del 23,4% al 13,5%). Por su parte, regiones como País Vasco (7,33%) y Navarra (7,69%) operan ya en cifras de pleno empleo técnico, donde el reto ya no es crear puestos, sino cubrir vacantes.
Afiliación y EPA: convergencia estructural
La coherencia entre la afiliación media anual a la Seguridad Social y esta EPA confirma que la creación de empleo no es estadística ni coyuntural. Es robusta. La economía española ha conseguido combinar crecimiento de ocupación con reducción de desempleo y aumento de activos. Esa triple combinación no es frecuente.
De cara a 2026, el éxito no se medirá solo por cuánta gente más trabaja, sino por la productividad por hora trabajada. Con un mercado que ya ha agotado sus reservas de perfiles cualificados nacionales, la economía solo podrá crecer mediante la inversión en tecnología y la integración real de ese 17% de extranjeros que aún permanecen en el desempleo. El reto de la próxima década es la eficiencia, no solo el volumen.
Si la inercia observada en los primeros datos de 2026 se mantiene, es razonable proyectar una tasa media anual en torno al 9,7%. Sería el primer año reciente con un desempleo estructural inferior al 10%.
Pero el verdadero margen de mejora no está solo en crear empleo. Está en reducir la brecha de origen y en activar el talento sobre cualificado. Si la tasa de paro de los extracomunitarios descendiera del 17% actual hacia niveles próximos al 12%, el paro nacional caería automáticamente por debajo del 9%, en línea con la evolución de otros países de nuestro entorno.
Los datos de la EPA 2025 del mercado laboral español muestran que el reto ya no es solo crear empleo, sino asignarlo eficientemente. El mercado laboral español ya no está en fase de recuperación. Está en fase de reasignación estructural. Y ese es el verdadero reto de la próxima década.



